Estévez Fundora
H. Pedro Giordano


 

Pedro Estévez, S.J.
Manuel Maza, sacerdote jesuita, historiador.

Los hermanos jesuitas son hombres comprometidos a vivir con la confianza puesta en el Señor, a relacionarse con amor con todos, y la disponibilidad para servir allá a donde se les necesite. Son los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Tal fue la vida de Pedro Estévez, hermano de la Compañía de Jesús durante 55 años. Había nacido en Madruga, pequeña población de La Habana el día de San Pedro del año 1927, por eso, sus amigos más cercanos le llamarán hasta el día de su muerte, "Madruga".

Algunos de los oficios que desempeñó Pedro Estévez nos introducen en la calidad de su entrega: inicia en 1948 como ropero, portero, sacristán, al servicio de comunidades y casas en más de diez sitios distintos en Cuba, España, República Dominicana y Miami. Entre 1990 - 1993 el Hno. Estévez: sirvió como voluntario en el Leprocomio de Fontilles en Alicante, España. Regresará a Santo Domingo por un año y luego servirá en Miami desde el 1994 hasta la fecha de su muerte, como enfermero y ayudante en la librería del Colegio de Belén.

Estévez era un hombre sencillo y directo. Pedro enseño la materia de "orientación" con sus experiencias personales. Era un mago en el diálogo personal con los muchachos, abordable, buen oidor, nunca sorprendido ni asustado, agudo en el comentario independiente que introducía levantando las dos manos y disparando a boca de jarro, un cubanísimo: "óyeme fulano, déjame decirte una cosa". Era práctico y trabajador. En los eventos del Colegio trabajaba codo con codo con los empleados. Cuando ya no quedaba nadie en el inmenso patio, todavía hacía sus rondas Pedro Estévez junto a los empleados, y ese grupo selecto de padres de familias que le meten el hombro a los colegios.

Estévez era un amigo entrañable de los muchachos del CEL, Centro Excursionista Loyola. Año tras año, la noche del 31 de Diciembre, entre prisas y risas, Estévez parecía un inspector de aduanas, saltando de grupo en grupo de empacadores: --¿dónde están los fósforos? ¿Y la sal? Caballeros, miren bien que el año pasado se les quedaron los condimentos y bebimos chocolate sin azúcar. ¿y la tienda de los guías?-- A veces iba a Mata Grande a llevar a los excursionistas, y el día de Reyes, reaparecía en Manabao. Por el camino, los niños y niñas esperaban a Estévez, que les tiraba pelotas de goma por la ventana.

Toda su vida cuidó enfermos en noches largas. Fue un enfermo ejemplar, sin quejas, sereno, fiado de sus hermanos, preguntando por los amigos.

Si usted investiga, encontrará, entre los amigos que deja Pedro Estévez, a todo tipo de personas: desde humildes empleados que lo lloraron como a un hermano, hasta exitosos empresarios que viajaron a Miami tan sólo para agarrarle la mano y verle sonreír.

La ruta de la fe sigue siendo empinada, la memoria de Pedro Estévez nos alentará siempre, como la brisa fresca desde la cumbre añorada y desafiante.

 
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