Altamira Botí
P. Antonio


 

ANTONIO ALTAMIRA BOTÍ, S.J.
(1923-19 febrero 2007)


Nació en La Habana (Cuba), el 8 de septiembre de 1923. Hizo su bachillerato en el Colegio de Belén de la misma ciudad, y al terminar, ingresó en el recién abierto Noviciado de Cienfuegos el 7 de septiembre de 1942. Al concluir esa etapa, pasó a estudiar Humanidades Clásicas al Juniorado de El Calvario (Habana), y allí estaría hasta ser enviado a estudiar Filosofía al Colegio Máximo de Comillas (Santander). Al terminar sus tres años de Filosofía, fue enviado a ejercer el magisterio en el Colegio de Sagua la Grande (Cuba), y en 1953 regresaría a España a estudiar Teología en San Cugat del Vallés (Cataluña). Como era de rigor, recibió el sacerdocio al terminar el tercer año, el 30 de julio de 1956, en el año centenario ignaciano. Al terminar su cuarto año de Teología en 1957, fue enviado a hacer la tercera probación a La Ceja (Colombia), y al concluirla regresó al Colegio de Belén (La Habana), mientras acudía a la Universidad Católica Santo Tomás de Villanueva en pos de un doctorado en Filosofía y Letras..

La intervención, por parte del gobierno de la Revolución de las instituciones de enseñanza en 1961 hizo que regresara a Colombia, no sin antes sufrir un incidente el 25 de septiembre de 1961, incluyendo dos o tres días en la enfermería de una cárcel al tenerse que recuperar de una herida de bala en ambas piernas.

A su llegada a Colombia fue destinado al Colegio San José de Barranquilla, al que dedicaría 18 años de su vida. Además de enseñar religión, allí se concentró en mantener una congregación mariana, y como se repetiría más tarde en el país, editaba tres revistas de divulgación. Cumplía así de algún modo la fama de escritor que tuvo siempre entre sus compañeros jesuitas.

Esa larga estancia en Colombia se interrumpió a principio de 1979, cuando viajó a Roma y se integró al curso de espiritualidad ignaciana. Al concluirlo, recibe como destino el Colegio Loyola de Santo Domingo, donde repite su trabajo de congregaciones marianas de Barranquilla, --aquí se llamaría MOVIC (Movimiento de Vida Cristiana)--, incluyendo cuatro publicaciones que él mismo distribuía. Además de toda esa actividad, en 1984 el Arzobispado de Santo Domingo le encargaría de la dirección y animación de la Casa de la Juventud, junto al Convento de los Dominicos, y de la Pastoral Juvenil, aunque sólo por un año. Recordando su experiencia de Cuba, fue director y animador de la Academia Literaria Max Henríquez Ureña, que también celebró sesiones públicas durante varios años. A partir del 1996 añadió a sus ocupaciones el cargo de vicerrector y decano de bienestar estudiantil de la Universidad O y M (Santo Domingo).

Fruto de su labor periodística de esos años en el Colegio Loyola, publicó dos ediciones de Puntos de Vista (1988 y 1990), seguidas de Aportes (1994).

Descanse en Paz, 19-febrero-2007


 
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