ANTONIO SÁNCHEZ MIER
(1968-2005)
En realidad, como aparece en sus documentos de identidad,
se llamaba Pedro Antonio Sánchez Mier, y nació
en Comillas (Cantabria, Santander) el 27 de abril de 1910.
Como iba a ser sacerdote diocesano, estudió a partir
de 1924 en el seminario de su pueblo natal hasta su primer
año de Teología, cuando decidió ingresar
en la Compañía. Tratándose de la época
en que los jesuitas estaban en su exilio de Bélgica,
Antonio viajó a aquel país, y en el noviciado
de Marquain fue admitido el 6 de octubre de 1934. Pero, cuando
le faltaban sólo unos meses para terminarlo, tuvo que
volver a España en 1936 para hacer su servicio militar
obligatorio, que coincidió con el comienzo de la guerra
civil. Cayó preso ese mismo año, y después
de estar en una cárcel, fue conducido a un barco-prisión
en Bilbao. Cuando el ejército del Gobierno de Burgos
liberó a esos presos, el novicio Sánchez no
regresó a Bélgica, sino que terminó su
noviciado en Carrión de los Condes (Palencia). Hizo
unos meses de teología en la Universidad de Comillas,
una parte en Durango (Vizcaya), el resto en Oña (Burgos),
y se ordenó en Loyola el 15 de julio de 1940.
Después de hacer la tercera probación en Salamanca
(1941-1942), empezó su vida de misionero itinerante
por España durante seis años, aunque residiendo
primero en La Coruña, luego en Palencia y en Gijón.
Cruza el Atlántico en 1950 y se une al equipo misionero
que dirige la misión en Camagüey (Cuba), y en
vez de regresar a España, le encomiendan la misión
de la República Dominicana, a la que llegó el
24 de abril de 1951 junto con el P. Constantino García.
Durante casi dos años predicaron 41 misiones en todo
el país. Y así continuaría los dos años
siguientes y prácticamente hasta principios de la década
de los ochenta, en que aún daba misiones como las de
La Romana, Hato Mayor, Blanco, Las Cañas, Ranchito
y Villa Tapia (La Vega), Sabana Larga y Santa Ana (Baní),
Cambita (San Cristóbal) e incluso la Isla Saona, por
citar sólo algunas. Las únicas salidas del país,
también en calidad de misionero popular y como parte
de un gran equipo internacional fueron a Bolivia, Centroamérica
y Puerto Rico (1965-1961), aunque sus recorridos por algunas
parroquias de Puerto Rico se prolongaron hasta los años
ochenta.
Estando de regreso en Santo Domingo, y durante los meses
tirantes del último año de la tiranía,
al P. Sánchez le incluyeron entre los desafectos al
régimen que deberían ser expulsados del país,
y así apareció en la odiosa columna "Foro
Público" de El Caribe el 17 de junio de 1960.
Cinco años después, durante los meses de la
guerra civil que siguió a la Revolución Constitucionalista
de abril de 1965, el P. Antonio visitaba diariamente a los
enfermos y heridos del Hospital Padre Billini, cruzando a
pie el control que dividía en dos a la Capital. En
1983, la Conferencia del Episcopado le encomendó recorrer
el país durante cuatro meses con la Virgen peregrina
de Fátima. Durante tres años, desempeñó
el oficio de Capellán de Prisiones, ejerciéndolo
en la Penitenciaría de La Victoria (1968-1971).
Hizo sus últimos votos el 2 de febrero de 1945, y
treinta y tres años más tarde, el P. General
le concedió la profesión solemne que hizo en
el Colegio San Ignacio de Dajabón el 23 de enero de
1978.
A partir de la década de los ochenta y con ciertas
salidas esporádicas a predicar alguna novena o en las
fiestas de las Mercedes y la Altagracia en sus santuarios,
ha sido ayudante en la parroquia de San Lorenzo de Cutupú
(1985-1990), con una breve estancia en la del Santo Cerro
(1990-1992), y en la parroquia de Azua (1992-2001), trasladándose
en esa última fecha a Manresa-Loyola para atender mejor
su salud. Ya a finales de 1985, y estando en Cutupú,
el provincial le había ordenado que sólo diera
una misión mensual y dentro de la Diócesis de
La Vega. Cuatro años después, y por deseo expreso
suyo, dejó de pertenecer a su antigua Provincia de
Castilla, y en diciembre de 1989 el P. General aprobó
su traspaso a esta Provincia de las Antillas.
El misionero incansable, predicador y confesor, cantor de
potente voz, --aprovechando esa cualidad participó
más de una vez en la Cena de Navidad a los médicos--,
nunca se quejó del constante sueño que le limitaba
desde joven, que a todos alarmaba pero no parecía preocuparle.
Fue dócil y responsable, sin importar la pequeñez
del trabajo pastoral. Y así durante más de cincuenta
años. Pasó al Señor el viernes 28 de
enero a las 10.30 p.m. Descanse en Paz.